Arte que nace y circula en el territorio. En el marco de la Feria Arte Pequeño Formato, Galerias bonaerenses presenta una selección de obras de Daniel Fitte, Javier Fernández, Jorgela Argañaraz, María Cristina Elorriaga y Silvia Stork. Un conjunto de propuestas que reflejan la diversidad de lenguajes, sensibilidades y experiencias que atraviesan la escena artística de la provincia de Buenos Aires.
A través de distintas materialidades y modos de hacer, las obras invitan a recorrer paisajes, memorias, relatos e imaginarios que dan cuenta de la riqueza cultural de un territorio en permanente construcción.
Daniel Fitte
Dani nació, vive y trabaja en Sierras Bayas, un pueblo ubicado en el Partido de Olavarría. Se formó con los Maestros Miguel Ángel Galgano, Jorge Melo y con la Maestra Diana Aisenberg. Participó de las clínicas de arte dictadas por el artista Tulio de Sagastizabal, en el CIA de CABA.
Realiza su trabajo como artista visual basado en el contexto donde reside.
Con el uso de diversos lenguajes recorre el paisaje, el entorno que lo rodea y la gente de oficio que dan cuerpo a su obra.
Obras: pintura sobre piedras recuperadas de la cantera de Sierras Bayas. Medidas variables
Foto 8- Dolomita de cantera tallada industrialmente.
Javier Fernández
Artista textil y docente, Javier Fernández nació en San Antonio Oeste (Río Negro) en 1977 y actualmente reside en CABA.
Su producción artística está direccionada por su formación de historiador, fundamentalmente, a narrar historias a través del trabajo manual, al proceso de rescate de materiales textiles y su posterior reconversión en piezas sustentables, indagando e investigando en las conexiones y resignificaciones entre género, prácticas ancestrales, tecnologías milenarias, saberes artesanales y el cuidado del medio ambiente con la firme convicción que el arte y la sostenibilidad pueden ser perfectamente compatibles
Fernández integra y coordina “Experimentos Textiles”, una plataforma dedicada al arte sustentable y las prácticas textiles contemporáneas que busca promover la reutilización de materiales y generar conciencia sobre la degradación ambiental a través de la creación artística. Desde allí impulsa proyectos colectivos que entienden el textil como territorio político, afectivo y comunitario, donde las prácticas manuales funcionan como formas de resistencia frente a las lógicas de consumo, descarte y normalización de los cuerpos.
Jorgela Argañaraz
Nacida en Viedma Río Negro vive en dos geografías a 1000 km de distancia – su casa taller en San Isidro Provincia de BsAs y su casa taller en la Reserva Natural Punta Bermeja Río Negro.
El sueño del caballo que se cree dragón, es una serie de obras que nace del encuentro con una miniatura de madera tallada y crece en el mundo onírico de la artista. Situado en el monte patagonico, con fuerte presencia del océano, el viento y el cosmos en su infinita dimensión navegado en sueños por este caballo que se percibe dragón. ¿Y vos? ¿Quién sos?
María Cristina Elorriaga
Artista visual, docente e incentivadora. Vive y trabaja en Coronel Suárez
Psicogeografías//Experimentar el espacio es distinto para cada persona,y en este caso, cada obra representa un lugar, real o imaginario, donde descansar la mirada.
Retratar el espacio se vuelve tangible y así como hoy desde un dron tenemos una visita aérea de una ciudad, o una región, esta obra va más allá y describe uno por uno, nuevos espacios y su psicogeografia.
Silvia Stork
La obra de Silvia Stork gira en torno a la fragilidad y la vulnerabilidad humana, reflexionando sobre la enajenación que producen la sociedad de consumo y las nuevas tecnologías. Para la artista, estas dinámicas promueven una homogeneización que limita la diversidad, materializando así la tensión entre una esencia humana profunda y las capas de alienación que impone la contemporaneidad.
A través de superficies erosionadas, materiales precarios y formas orgánicas, sus piezas transmiten la sensación de algo que fue cubierto, ocultado o herido, pero que todavía insiste en emerger. En suscreaciones, la vida se manifiesta mediante texturas rugosas y terrosas, donde cavidades de un rojo intenso funcionan como aperturas hacia un interior vital y casi corporal que permanece activo bajo la superficie gris. Este contraste entre el exterior áspero y el interior luminoso opera como una metáfora de la identidad original; aquella que persiste, latente, debajo de las capas del desgaste social.